Normalmente me desahogo quejándome de mis malos días. Pero creo que voy a dejar de hacerlo. Cualquier cosa que pueda pasarme palidece ante la siguiente historia.

Imaginad que sois ladrones de bancos, y que planificáis un robo en una sucursal. Imaginad que el robo no sale muy bien y la policía llega rápidamente al lugar, por lo que no os queda otra que huir en motocicleta mientras os persigue la Policía. Es más, imaginad que, en la tensión de la persecución, os ponéis tan nerviosos que no atináis a conducir y os estrelláis de mala manera.

Pues ahora imaginad que, una vez en el hospital, curándoos de vuestras graves heridas y bajo estricta vigilancia policial, la policía os dice que lo que habéis robado es dinero falso; que es dinero que la sucursal usaba para enseñar a sus empleados a manejarse en las actividades diarias de la caja.

Pues ahora imaginad que esto sucediera de verdad.